Eje 2: Racismo y discriminación

Antecedentes:

América Latina es una región marcada por el racismo, que estructuró la sociedad de manera jerarquizada y privilegió a un grupo social en detrimento de otro. En este sentido, destacamos las observaciones de Liv Sovik (2009): “En el debate sobre racismo brasileño, se reitera que la diferencia racial no tiene fundamento biológico. Pero la existencia de ese fundamento, mismo fantasioso, está tan presente en la sociedad que su falta de base científica acaba siendo irrelevante”. De acuerdo con Lia Vainer Shucman (2012), “la blanquitud es una construcción sociohistórica producida por la idea falaz de superioridad racial blanca”.

Aunque en la diáspora se han producido interrelaciones étnicas, la violencia y el genocidio de los pueblos indígenas, las condiciones nefastas del cautiverio y la marginación en el post “abolición” dejaron consecuencias profundas en la vida de la población negra e indígena.

  • Los países latinoamericanos son herederos históricos de las ideologías de clasificación social (racial y sexual) de los países ibéricos (Portugal y España). Sus sociedades son jerarquizadas y racialmente estructuradas, y segregan a los pueblos negros, indígenas y “mestizos” para garantizar la supremacía y dominación de los blancos (Lélia González).
  • En el diálogo con esta autora, el racismo latinoamericano es lo suficientemente sofisticado como para mantener a los/as negros/as e indígenas en la condición de subordinados/as, dentro de las clases más explotadas económicamente, gracias a su forma ideológica más eficaz: la ideología del blanqueamiento.
  • En Argentina, en 1778 (siglo XVIII) la población negra era el 54%. En 1887, esta tasa cayó al 1,8%. Este país articuló una fuerte política de blanqueamiento, en la que el progreso del país estaba atado al color de la piel.
  • El racismo es estructural e institucionalizado y, a través de la ideología del blanqueamiento, refuerza y perpetúa la idea de que los valores de la cultura occidental blanca son los únicos verdaderos y universales. En este sentido, el mestizaje (la mezcla de razas) se convirtió en una gran estrategia de blanqueamiento, a finales del siglo XIX y principios del XX.
  • Se necesitó mucha lucha del pueblo negro para que la llamada democracia racial fuera denunciada como una falacia mentirosa, un mito que ayudaba a escamotear las desigualdades sociales y raciales de la población, especialmente la brasileña.
  • En razón de esta ideología del blanqueamiento, muchos países latinoamericanos abolieron el uso de indicadores raciales en los censos y en otros documentos. Algunos crearon símbolos míticos, indígenas y mestizos, como representantes de una identidad nacional, pero en la práctica social y política las desigualdades se mantenían (se mantienen).
  • Las décadas de 1970/80 fueron un marco para los países de LAC. Muchos recién salidos de los regímenes militares, vivieron un momento efervescente de resurgimiento de los movimientos de resistencia social (feministas, mujeres negras, indígenas, LGBTs y otros) que trajeron a la superficie la existencia de distintas opresiones; como, también, la afirmación y el reconocimiento de distintas identidades: género, étnica, racial, clase, sexualidad, etc.
  • Según varias estudiosas, las mujeres negras e indígenas de América Latina comparten las mismas opresiones: la étnica, la racial, la de género y la de clase. Históricamente, sus cuerpos fueron sexualizados y resignificados, creando en los imaginarios de las sociedades latinoamericanas los estereotipos de la doméstica y de la “mulata” sensual.
  • En los años 1990, una serie de conferencias nacionales e internacionales (que movilizaron a diversos actores de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales y órganos del gobierno) culminaron con innumerables compromisos asumidos por diversos países en la lucha contra el racismo y el sexismo, etc.
  • En el año 2001 se celebró la I Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, en Durban, Sudáfrica, un hito en las discusiones sobre el racismo, la xenofobia y la discriminación internacional.
  • En el Plan de Acción de Durban (2001), entre las diversas recomendaciones a los Estados se destaca la creación y publicación de datos estadísticos sobre grupos que son víctimas de racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancia correlata; recomendación que se reforzó en 2008, a través de la Declaración de Santiago.
  • Desde los años 1980, diversos estudios han diagnosticado que el racismo se manifiesta a través de los aparatos ideológicos del Estado, siendo el espacio de la educación el campo privilegiado para la reproducción de prácticas racistas, sexistas, homofóbicas y de un ideal de blanquitud.
  • En diálogo con Lia Vainer, “blanquitud” significa una pertenencia étnico-racial atribuida a los blancos y podemos entenderla como el lugar más elevado de la jerarquía racial: ser propietario/a de los privilegios raciales simbólicos y materiales.
  • En Costa Rica, la activista antirracista Epsy Campebell apunta que, así como en toda América Latina, la sociedad costarriqueña construye su identidad a partir de una raíz europeo-occidental. Según ella, los negros de América Latina sumados a los negros brasileños suman 150 millones de afro descendientes. En este sentido propone la creación de una red continental entre Brasil, Costa Rica, Colombia, Honduras, Nicaragua, Uruguay y otros para la construcción de una sociedad transnacional.
  • En Brasil, el golpe de estado y la fuerte crisis política y económica que azotan al país alcanzan con más contundencia a las poblaciones negras, que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad social, expuestas a todo tipo de violencias y prácticas racistas por parte del Estado. Estamos corriendo el riesgo de ver solapadas todas las conquistas sociales emprendidas y protagonizadas por los movimientos de resistencia de nuestro país.
  • El racismo en la región puede ser fácilmente visible por sus efectos, al observar los datos relativos a la condición de existencia de negras/os e indígenas, expresadas en los indicadores que denotan sistemáticamente la precariedad del acceso a la salud, educación, trabajo formal, nivel de vida la renta y la vivienda, entre otros.
  • Llegamos al siglo XXI con varios desafíos y debemos enfrentarnos a los marcadores sociales tales como el racismo, que producen contra las mujeres (en especial contra las negras -afrodescendientes- e indígenas) violencia, opresiones y desigualdades. También tenemos el desafío de perfeccionar concepciones feministas que permitan crear nuevos patrones de civilidad, donde las opresiones y la violencia contra las mujeres no sean la norma.
  • En ese sentido, buscar conocer el pensamiento de diferentes mujeres es fundamental para constituir otros procesos políticos que, al menos, cuestionen el feminismo clásico donde la blanquitud se establece como dominación entre las diferentes mujeres. Para ello, hay que responder a las siguientes cuestiones:

¿Qué interrogantes presenta el racismo para el futuro del(de los) feminismo(s) hoy?

¿El feminismo del siglo XXI se constituye en un instrumental de los deseos y de las necesidades de las diversas mujeres que somos negras, trans, indígenas, entre otras?

¿Qué factores deben ser analizados y criticados para romper los privilegios producidos por la blanquitud, que no permiten nuevas configuraciones y arreglos políticos para el desarrollo de otras concepciones antirracistas, antisexistas y antilesbo / transfóbicas?

                                                                                                         

Resultados esperados:

  •  Reflexión sobre el impacto del racismo y de otras opresiones en la efectividad de las concepciones feministas hoy.
  • Debate sobre los privilegios de la blanquitud para las mujeres blancas en contextos feministas.
  • Ampliar el espectro de acción de los movimientos feministas para enfrentarse al racismo que estructura las opresiones contra las mujeres negras e indígenas.

 

*Sugerencias enviadas por Lucia Xavier (lucia@criola.org.br) y Schuma Schumaher (schuma@redeh.org.br).