Eje 9: Autocuidado, protección y buen vivir feminista/hablemos de amor

Nuestros pasos vienen de lejos … Nosotras, mujeres latinoamericanas y caribeñas, nos organizamos y dimos la lucha contra la esclavitud, en los quilombos, contra los genocidios de los pueblos indígenas, por el fin de la violencia, contra la explotación capitalista, la devastación socioambiental, la dominación patriarcal, el colonialismo, el orden heteronormativo, la marginación de las personas con discapacidad.

La participación de las mujeres en nuestra historia de luchas ha sostenido y sigue sosteniendo la acogida, el refugio, el abrigo, mantenido vínculos afectivos y sexuales, redes de solidaridad y cuidado indispensables a todas las formas de lucha y resistencia. Construyendo procesos colectivos de organización para la lucha, cada una de nosotras, activista, viene buscando superar la inmensa fragilidad que la individualidad, desprovista de vínculos, nos impone.

Los espacios que compartimos de reflexión y experimentación de cuidado entre activistas, abiertos por los movimientos de mujeres y feministas en diversos territorios, incluso en el 14 EFLAC, han generado experiencia y contenido que radicalizan desde la perspectiva feminista la noción y la propuesta de Bien Vivir.

El Eje 9 – Autocuidado, protección y bien vivir feminista / hablemos de amor está en sintonía con las rupturas teóricas, descolonizaciones y cuestionamientos consubstanciados al etnocentrismo, al patriarcado, al racismo, al orden heteronormativo, a la explotación capitalista y ante a las personas con discapacidad.

Por eso mismo, abre oportunidades para el procesamiento de los conflictos intrínsecos al encuentro de las diferencias y desigualdades que constituyen el feminismo en América Latina y el Caribe, reunido en este 14 EFLAC.

El orden patriarcal, racista, etnocéntrico, heteronormativo, bajo el sistema capitalista, exige de las mujeres que seamos cuidadoras por deber o imposición. Sabemos que bajo ese orden el cuidado no es recíproco. El autocuidado es mercancía, vendida para quien esté dispuesta y tenga recursos para pagar el precio y consumir lo que las clínicas, salones de belleza, empresas de ocio y turismo, SPA’s, terapias alternativas y convencionales … venden.

Cuidar de sí misma, cuidar de las otras, dejarnos ser cuidadas, retribuir el cuidado recibido; compartir nuestras emociones, nuestros aprendizajes en la lucha, nuestros dolores y los caminos para curarlos; valorar nuestro saber y nuestras capacidades, conectar nuestro amor, es algo fuera del orden, subversivo. Se refiere a nuestras luchas por autonomía personal y para garantizar nuestra auto-organización. Y se sostiene en principios éticos y políticos que nos son caros, como la horizontalidad, la solidaridad, la reciprocidad, el diálogo intercultural, el reconocimiento mutuo.
En este sentido, planteamos la cuestión: ¿en qué medida el autocuidado y el cuidado entre activistas podrían constituirse en eje de acumulación contra hegemónico, favoreciendo a las feministas el combate y la superación de procesos de marginación, privación, invisibilidades de las opresiones sistemáticamente reproducidas bajo la autoridad el orden patriarcal, racista, etnocéntrico, heteronormativo, y contra las personas con discapacidad?

¿Serían el autocuidado y el cuidado entre activistas formas de intervención política capaces de generar a las mujeres que están en el activismo, lidiar con elementos que bloquean su trayectoria de transformación en el ámbito subjetivo? ¿Serían también caminos para interpelar el individualismo, el sexismo, el racismo y otras formas de discriminación que incorporamos y nos oprimen?
¿En qué medida, en nuestras experiencias político-organizativas hemos desarrollado el esfuerzo consciente de mantener los vínculos afectivos, valorar las emociones y los sentimientos?
La concepción del Buen Vivir forma parte de la propuesta de los pueblos indígenas en respuesta a la crisis sistémica del capitalismo, caracterizada por una crisis financiera, alimenticia, energética y ambiental que numerosos actores/actrices identifican como “crisis civilizatoria”. Esta propuesta impugna explícitamente “los paradigmas dominantes, que conciben al individuo como el único sujeto de derechos y obligaciones” y propone el “o suma qamaña (aimará) ou sumak kawsay (quíchua)” traducidos como “Vivir bien”. La democracia representativa se contrapone a la democracia comunitaria.

¿En qué medida evalúan que la concepción de Buen Vivir contempla perspectivas feministas, anti patriarcales? ¿Por ejemplo, supera el pensamiento dual que separa al personal del político?
¿Cómo evaluamos el diálogo entre feministas para la construcción de una propuesta de Bien Vivir Feminista ?, y para el fortalecimiento del feminismo como sujeto político colectivo?
Cuesta caro para las activistas poner en cuestión el racismo patriarcal: ofensas, insultos, acoso moral, violencia institucional, arrestos arbitrarios, abuso y violencia sexual, amenazas de muerte, criminalización de nuestras luchas por derechos y autonomía, feminicidio, explotación… son algunas de las armas que los poderes instituidos, tanto en la sociedad como en el Estado, usan para inmovilizar, reprimir, cohibir, callar, contener los procesos de transformación social erguido por las luchas feministas, antirracistas y anticapitalistas.

Considerando también las dimensiones estratégicas y las demandas urgentes e emergentes por la protección y el cuidado para los artistas, ¿qué experiencias se han realizado, cómo articulamos una protección y una solidaridad entre América Latina y el Caribe?