Eje 3: Violencias urbanas: vivienda, movilidad

Colectivos que articulan el Eje: Redeh (Brasil) – Ciscsa (Argentina)- Sos Corpo (Brasil)- Red Mujer y Hábitat- Luna Creciente (Ecuador) Secretaría de Mujeres de la União nacional por Moradia Popular UNMP e União dos movimentos de moradia da grande São Paulo e interior UNIP – Fundación Guatemala (Guatemala) – Colectiva Feminista (El Salvador) – Comisión Hábitat y Géneros (Habitar Argentina).

El derecho a la ciudad: Violencias urbanas, vivienda, movilildad. La contribución de las mujeres para el buen vivir en las ciudades y las resistencias feministas

Los territorios y contextos urbanos expresan en su segmentación y fragmentación la opción por un modelo económico de mercantilización de las ciudades. . El impacto directo que esta dinámica tiene sobre las ciudades evidencia el proceso de creciente especulación sobre el suelo y los territorios urbanos y rurales, la sobreexplotación de suelo urbano, la fragmentación de morfologías urbanas y estilos de vida, el colapso de infraestructuras, el crecimiento del hábitat precario, la expansión del urbanismo a sitios como humedales o zonas de protección ambiental, la extensión de las ciudades en tensión con el costo energético y los desafíos ambientales.  Todo esto implica la pérdida de la calidad de vida urbana, que se suma a los crecientes fenómenos de desastres ambientales, que no son solo ´naturales´ sino sociales y económicos.

En el escenario latinoamericano vemos y vivimos los efectos de esta política de especulación financiera sobre las ciudades, entendiendo que es justamente nuestro continente el más urbanizado, con más del 80% de su población viviendo en aglomerados. Estos procesos que enumeramos acentúan las condiciones de desigualdad socio-territoriales, imponiendo a la cotidianeidad de las mujeres y la población LGBT innumerables violencias en el  acceso al derecho a la ciudad, a la tierra, la vivienda, la movilidad y accesibilidad, y a los bienes comunes urbanos que hacen a la calidad de vida de las personas, como son la educación, la salud, la seguridad, la infraestructuras, el transporte, entre otros.  Los cuerpos de esas mujeres y de la población LGBT son cuerpos políticos, impactados por la violencia patriarcal, el racismo, la omisión de la diversidad.  Y son esos cuerpos los que resisten por permanecer en sus territorios y por sostener la autonomía de sus luchas políticas, en contra de los procesos de dominación y de pérdida de modos de vida, de culturas, de la relación ancestral con la tierra y el territorio.

Las organizaciones de feministas, urbanistas, académicas y activistas de diferentes espacios y propuestas hemos incluido nuestras posiciones, debates y agendas en numerosas esferas de la vida social y política, interpelando y resistiendo al modelo anteriormente descripto. Hemos incidido y disputado sentidos en torno a la planificación de las ciudades y los debates sobre los territorios urbanos, avanzando en argumentaciones teóricas y políticas para construir una mirada que nos visibilice desde nuestras demandas, desde nuestras necesidades en la vida cotidiana. Nosotras hemos ampliado el concepto de violencias, y el mismo ha crecido en sus complejidades y expresiones, así como en los análisis y reflexiones.  Hemos logrado señalar que las violencias y las restricciones-discriminaciones que vivimos las mujeres y las sexualidades disidentes se entrelazan entre sí, manifestándose en un continuo entre los espacios públicos-privados, nutriéndose del sistema capitalista-heteropatriarcal.

En la actualidad la oleada conservadora, fascista y privatizadora que avanza sobre varios países de América Latina de la mano de gobiernos golpistas -que como en Brasil, tiene claros componentes misóginos-, nos enfrenta a un rápido desmantelamiento de muchos de los derechos conquistados. La privatización de empresas y servicios públicos, el ajuste de presupuesto en programas y políticas en torno a la vivienda popular, el incremento de los desalojos o las migraciones forzadas como resultado de procesos de gentrificación y/o de otro tipo de especulación inmobiliaria habilitado por el Estado son algunos ejemplos de esto. Al mismo tiempo, se fortalece un fuerte conservadurismo cultural, con sesgos de fascismo social y de fundamentalismos religiosos, que cobran características propias y que invocan al mantenimiento del orden tradicional de género. En este marco, los impactos en la vida de las mujeres son cada vez más fuertes. Las violencias que se encadenan al patriarcado en políticas específicas marcan sus cuerpos: represión, desalojos, criminalización de la protesta y la lucha social, control sobre la reproducción, negación política, violencias machistas, etc.

Con especificidades en cada país, podemos reconocer la avanzada de este modelo en nuestros territorios nacionales:

  • En el contexto de Brasil, por ejemplo, hay una fuerte desinversión en las políticas públicas que incluyan y contemplen el acceso a la tierra, el saneamiento y el transporte de la población más desventajada econó Esta desinversión avanza al mismo ritmo que el desmantelamiento de los derechos de lxs trabajadorxs, y que el avance de mega proyectos rurales y urbanos que desalojan/desplazan a las comunidades rurales, las favelas, las poblaciones tradicionales, quilombolas e indígenas, criminalizando y asesinando líderes populares.
  • En Ecuador, por su parte, el avance de medidas neoliberales, desde 2013 y la firma del tratado de libre comercio con la Unión Europea, contribuyeron a un aumento generalizado del desempleo y un empobrecimiento general de la población. En ese marco se agudizaron las condiciones de desempleo de las mujeres y en particular de la población LGBT, incrementaron las migrantes, y sufrieron consecuencias las indígenas y las mujeres afro. Esta situación parece contribuir también a un aumento de la violencia en el ámbito privado. Al mismo tiempo grupos fundamentalistas conservadores buscan boicotear la aprobación de la Ley orgánica integral para la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, argumentando que atenta en contra de la “familia” tradicional. En el mismo sentido, las políticas públicas han convertido a la salud en un negocio, y avanzan las normas antiderechos sexuales y reproductivos y la criminalización del aborto, convirtiendo los hospitales en espacios inseguros que sancionan y penan a las mujeres.
  • La situación de Guatemala también presenta similares características. Desenfrenados índices de corrupción del Estado favorecen las condiciones de impunidad ante las violencias de las que son víctimas las mujeres en el país.Por ejemplo, frente a las redes de trata de personas que se han desplazado de urbes meramente turísticas a zonas urbanas, exponiendo a niñas y mujeres jóvenes a los peligros que conllevan las mafias organizadas de la delincuencia y la extorsión. La inseguridad se instala en las ciudades y carreteras del país debido al aumento de violencias de todo tipo: familiar, conyugal, pública/urbana, económica, política, social.
  • Argentina también asiste a un rápido proceso de desmantelamiento de políticas públicas, y a una fuerte oleada conservadora y privatista. L expansión de grandes emprendimientos inmobiliarios – a costa de los bienes comunes-, la criminalización de la protesta social y el avance de discursos de odio contra los pueblos originarios, las feministas y lxs luchadorxs sociales, contribuyen a la construcción de un clima de malestar social creciente.

Si bien en muchas de estos países hay ciudades en las que expresiones sociales y políticas han logrado organizar sus voces (ej: #niunamenos) como una construcción colectiva potente y amplificada, esas mismas ciudades son también territorios de segregación, especialmente en las grandes urbes de América Latina y el Caribe. Las grandes áreas metropolitanas se transforman en territorios inasibles, complejos, contradictorios, que por un lado ofrecen la oportunidad de romper círculos de pobreza y por el otro agudizan las desigualdades. Las dificultades concretas para la reproducción de la vida en los territorios urbanos, se ligan con la fragilización creciente de la participación de las mujeres en el mercado laboral, y conllevan una sobrecarga de trabajo cotidiana para esas mismas mujeres, a costa de su salud, de sus proyectos, de sus vidas. Esta sobrecarga se suma a la multiplicidad de violencias que viven en sus territorios más próximos, contribuyendo a la construcción de una ciudadanía del miedo que limita los tránsitos de las mujeres y las sexualidades disidentes, imponiendo restricciones a sus autonomías.

Frente a estas adversidades, los movimientos de mujeres y feministas, han ganado reconocimiento como sujeto político, entrelazando las resistencias contra las violencias capitalistas, heteropatriarcales y coloniales. Y son estos movimientos la voz disidente en los debates para la construcción de la Nueva Agenda Urbana, que solo parece proponer, desde una posición retórica y con palabras políticamente correctas, un listado de ilusiones, que será necesario monitorear. La NUA marca un nuevo paso en el vaciamiento de los discursos sobre los derechos a la ciudad, evitando evaluar el pasado y el presente para proponer acciones y políticas concretas que puedan dar respuesta a las problemáticas que vive la población, en particular las mujeres y la diversidad de las mujeres quienes por el rol asignado y por la omisión en las políticas necesitan de una particular atención, así como quienes se encuentran en mayor desventajada socio económicamente. De la misma manera, algunos gobiernos nacionales, avanzan en promesas vacías, sin una clara intencionalidad y sin proponer medidas específicas para su efectiva implementación.

Desde nuestras construcciones feministas, el derecho a la ciudad se instala interpelando a los problemas estructurales que impone la sociedad capitalista global de concentración de riquezas. En este marco, el buen vivir aporta a los debates sobre el derecho a la ciudad, una perspectiva de colectividad, una nueva forma de vida que rescata los saberes tradicionales y el respecto a la diversidad de los pueblos y la solidaridad, contraponiéndose a la lógica productivista/consumista que moldea las ciudades desde una concepción capitalista.

Los movimientos feministas seguimos apostando por construir nuevas propuestas, innovadoras y colectivas, que cuestionen el modelo neoliberal – extractivista, y que pongan en el centro del debate y de la lucha la sustentabilidad de la calidad de la vida, y la vida misma.

Preguntas disparadoras para avanzar en el análisis del contexto y las posibles estrategias:

  • ¿Cómo avanzar en lecturas interseccionales para pensar el derecho a la ciudad?, ¿qué ciudades?, ¿para quiene? ¿cómo incluir la redistribución y la pobreza en el centro del debate, sin invisibilizar reclamos, experiencias y necesidades concretas de diferentes colectivos?
  • ¿Cómo contribuir a visibilizar los derechos de los pueblos indígenas, que muchas veces han sido desplazados de sus territorios a costa del avance de las ciudades, quedando atrapados en medio de la lucha por la tierra y la autodeterminación de sus territorios?
  • Como pensar el derecho a la ciudad considerando las vivencias particulares de las mujeres, LBT, las mujeres negras, en una ciudad marcada por la violencia sexista, racista, lesbotransfóbica? Los espacios públicos están estructurados por las vivencias socio-política de estas personas en las ciudades, más allá de la lógica mercado- consumo?
  • ¿Cómo llenar de contenido las demandas sobre vivienda digna abordando temas como derecho patrimonial de las mujeres, políticas públicas sobre financiamiento con medidas de acciones afirmativas para las mujeres; derecho a una vivienda acorde a su medio natural que busque la salud integral de las familias, etc.? ¿Podemos pensar en la vivienda sin pensar en el entorno? ¿En el barrio? ¿La ciudad? ¿Los servicios? ¿El transporte?
  • ¿Qué debates y disputas debemos darnos para avanzar en construir propuestas superadoras sobre el acceso a los servicios públicos, desde un enfoque de derechos? (ej: proximidad de los servicios versus ampliar los recorridos y el uso de la ciudad por parte de las mujeres? / ¿cómo pensar en un acceso a los servicios desligado de las tareas de cuidado de las mujeres, es decir, que no contribuya a reforzar el rol de cuidado de las mujeres, pero sin desconocerlo?). ´
  • ¿Cómo fortalecer las resistencias feministas y sus luchas por el derecho a la ciudad: ¿con qué aliados?, ¿cómo ante los avances de gobiernos privatistas y extractivistas y los grupos sociales conservadores que son más efectivos que, muchas veces, nuestra capacidad de acción y nos encuentran por lo general a la defensiva? ¿cuáles son las estrategias que nos damos/que han funcionado? ¿cómo articular/se han articulado las luchas con el movimiento campesino, en particular con las mujeres campesinas, las indígenas y otros colectivos de defensa de la tierra?
  • ¿Cómo aportar al debate sobre los derechos de las mujeres en la ciudad y a la ciudad, las reflexiones sobre los derechos de las ciudades -las ciudades como bien común, como actor en sí mismo, como espacio que es construido pero que a su vez construye sociedad?
  • ¿Cómo posicionarnos como feministas frente a la NAU?: ¿dónde poner las energías para la incidencia? ¿qué alianzas, espacios, actores priorizar? ¿cuáles son las estrategias? de articulación, de denuncia, de ignorar/construir por fuera de los espacios y los actores que la llevan adelante. ¿Qué recursos y donde los encontramos para destinar a este proceso?
  • ¿Qué estrategias posibles podemos construir frente a los desalojos compulsivos y la migración forzada?, ¿qué experiencias han funcionado?
  • ¿Qué estrategias para visibilizar y poner en valor la feminización de las luchas y el aporte diferencial de las mujeres en los temas de vivienda y hábitat?
  • ¿Cómo profundizar los debates y los posicionamientos feministas en torno a la relación territorio-tierra-ciudad y territorio-cuerpo
  • ¿Cómo pensar el tema de las violencias y la in-seguridad/seguridad de las mujeres en la ciudad por fuera de discursos proteccionistas, situacionistas y de policiamiento de las ciudades?, ¿cómo pensar procesos que apunten a promover las autonomías de las mujeres y las sexualidades disidentes?, ¿cómo pensarlos en la tensión entre violencias percibidas y violencias vividas, que muchas veces promueven el miedo?
  • ¿Qué propuestas en torno al uso y el disfrute de la ciudad: recreación, placer, producción artística y cultural / otros usos (de los diferentes grupos de mujeres y LGBT) diferentes a los relacionados con las tareas de cuidado? ¿Qué oportunidades, accesos, nuevos horizontes en las ciudades para las mujeres?
  • ¿Cómo vincular/ se vinculan las luchas por el derecho a la ciudad con la lucha de otros colectivos de mujeres, feministas y LGBT, trabajadoras sexuales, vendedoras ambulantes, trabajadoras del transporte, artesanas, etc. Con otros movimientos: jóvenes, movimientos anti represivos, ambientalistas, etc.
  • ¿Cómo pensar la participación de las mujeres en la planificación de las ciudades? ¿en la construcción participativa de las ciudades? ¿de las comunidades? ¿de los barrios? ¿Con qué estrategias?
  • ¿Cómo hacemos común entre nosotras una Agenda Política de las Mujeres por el Derecho a las Ciudades?, ¿Cómo avanzar en la construcción de resistencias y estrategias conjuntas en Latinoamérica, sin desatender la coyuntura de cada país?