Eje 7: Guerras y resistencia colectiva. Expulsiones, tierras y territorios

Colectivos que articulan el Eje: Red Latinoamericana de Mujeres defensoras de Derechos Sociales y Ambientales, Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, Iniciativa Mesoamericana de mujeres defensoras de Derechos Humanos, Demus. Organizaciones y fondos feministas regionales e internacionales que apoyan: AWID y Fondo de Acción Urgente para América Latina y el Caribe. Organizaciones de Cooperación Internacional que apoyan: Entrepueblos, Aieti, ISF

 

Frente a la guerra contra nuestros cuerpos-territorios-tierra: abrazamos nuestros territorios desde un feminismo antirracista, comunitario y decolonial

Mirándonos desde aquí el Sur global, esta Nuestra América o Abya Yala, como espacios de vida históricamente construidos, reconocemos que la fuerza de nuestra existencia radica en el entramado comunitario, ancestral, autónomo y popular, la misma que se expresa como resistencias y luchas sociales frente los sistemas de dominio que durante siglos han buscado explotar, mercantilizar, despojar, subordinar, controlar nuestros territorios, así como los tejidos sociales y cuerpos que los sostienen. Uno de los principales tejidos sociales y cuerpos son el de las mujeres.

Vivimos una nueva ola de exterminio de la vida y de la disidencia por la acumulación del capital. Una guerra por nueva hegemonía, donde diversos actores despliegan sus proyectos de conquista afianzando el extractivismo, la militarización, la corrupción, las economías ilegales, el fundamentalismo religioso, el racismo entre otras formas de disciplinamiento, desposesión y control de nuestros cuerpos y territorios. Lo vemos en México, Colombia, Guatemala, El Salvador, Chile, Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú… así como aumentan la explotación de minerales y la ocupación militar de los territorios, aumentan los feminicidios territoriales, la trata y violencia contra las mujeres. Una guerra contra las mujeres y los pueblos. 

Le disputamos nuestra soberanía y autodeterminación al capitalismo, al patriarcado y a la colonialidad, en un momento en que sus instituciones (empresas, los Estados, las iglesias y cultos,  los ejércitos, fuerzas privadas y paramilitares, etc) operan impunemente ejerciendo ocupación y violencias. Sin embargo, la violencia es específica e intensiva contra las mujeres organizadas en procesos de resistencia territorial, mujeres defensoras que por su rol político están en la primera línea expuestas a múltiples riesgos incluyendo la muerte, por la defensa de nuestros derechos y territorios.

La guerra contra las mujeres se da porque el capital se ha alimentado históricamente de la fuerza creadora de nuestros cuerpos para obtener su acumulación. Las mujeres que defendemos nuestros cuerpos y  territorios amedrentamos contra su lógica de acumulación y éste saca sus tentáculos (dispositivos) de poder para disciplinar nuestra desobediencia. Acude así a exaltar los valores patriarcales, clasistas y coloniales existentes, la fuerza explícita y a usar de sus instituciones, verdades y normas. Señala, estigmatiza, expone y criminaliza a las mujeres por evidenciar la violencia con la que opera, porque es gracias a nuestra lucha  que se está poniendo en valor nuestras actividades en su mayoría no remuneradas, la de nuestros hijos-hijas, y comunidades como trabajo indispensable para la vida. También porque son las mujeres, principalmente campesinas, indígenas y negras, quienes con su saber y hacer cotidiano logran mantener “el uso” no capitalista de los bienes naturales, la tierra, el agua, el aire, los bosques, y se interponen a la comercialización de la naturaleza y a la destrucción de los últimos bienes comunales que quedan, aún con las presiones que el propio Estado ejerce contra ellas, por medio de los condicionamientos con políticas públicas generalmente relacionadas a “la lucha contra la pobreza”. 

La desposesión del cuerpo-territorio de las mujeres  es la principal meta del capitalismo en la actualidad porque sabe que es el despojo de la vida no capitalizable. Por eso, para nosotras es imprescindible apostar ética y políticamente por el cuidado, la protección y defensa del cuerpo-territorio, porque a través de esta mirada tendremos mayores posibilidades de visibilizar la ola violenta que hay contra las mujeres, contra nuestros territorios y de enfrentarla.

La mirada del cuerpo-territorio nos acerca a defender la vida frente a la guerra del capital desde una relación distinta y poderosamente transformadora con el territorio. Es una crítica radical a la razón moderna, patriarcal y neoliberal porque deja atrás la concepción del cuerpo materia, carne, recurso, aislado. También porque nos muestra al territorio como espacio histórico donde transcurre la vida del cuerpo, social, y natural en su forma relacional, múltiple, dialéctica, holística… como entramados y procesos interconectados capaces de resistir y transformar el poder de dominio actual. Por lo mismo, la mirada del cuerpo-territorio además es una forma de construcción sororal y política de los movimientos, un caminar entre feministas y mujeres diversas organizadas en base al interés común por emanciparse, pero sin dejar de  problematizar los privilegios y desigualdades de poder que hay en nuestras relaciones,  porque se requiere cambiar esos dominios internalizados para construir otros entramados de vida, otras comunidades entre mujeres como parte de esos otros mundos posibles. Hacer cotidiana esta mirada entre nosotras  es también luchar contra la guerra.

Posibles discusiones o temáticas dentro del eje

-La interseccionalidad de las luchas y las apuestas de las mujeres/feministas que defienden el territorio. ¿Cómo las luchas transforman simultáneamente distintos sistemas de opresión (basados en raza-étnica, clase, género, sexualidad, edad, capacidad, etc)?

-La especificidad de las resistencias desde el Sur, ¿Cómo los procesos de defensa y protección de los territorios reivindican e incorporan la memoria, la ancestralidad y espiritualidad de los pueblos originarios, afrodescendientes, campesinos de la región y a la vez dialogan interculturalmente con procesos urbanos, académicos, etc.? ¿Cómo y de qué manera generamos esos diálogos descentrando  el discurso racional-patriarcal como única forma de entender y aprehender la realidad y la vida?

-Los riesgos, amenazas e impactos diferenciados de los ataques contra mujeres que se organizan, resisten y defienden sus cuerpos, territorios, naturaleza, tierra,  cosmovisiones y culturas.

-La relación entre la protección de las mujeres defensoras, sus comunidades y la protección y defensa de los territorios. Es decir, la articulación entre el cuidado de sí/ autocuidado, el cuidado mutuo/colectivo y el cuidado y defensa de los bienes comunes. La necesidad de explorar formas de activismo y defensa de los cuerpos y territorios compatibles con la vida, desafiando los ritmos y formas productivistas del capitalismo patriarcal.

-Estrategias para la defensa y liberación de los cuerpos y los territorios: nuevas estrategias y narrativas, articulaciones entre movimientos y sectores, expresiones creativas, diálogos intergeneracionales, etc.

-Procesos de despatriarcalización, decolonización y construcción de alternativas al extractivismo.